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Las Margaritas

Publicada el enero 15, 2026 por Alfredo H. Álvarez

A Damián siempre le han gustado las margaritas. Realmente no es que sea una persona refinada, ni que vaya a bares de cócteles, ni siquiera es afeminado, pero siempre ha sentido una gran atracción por esa bebida refrescante, sofisticada y coqueta.

De niño vio una película; no recuerda ni la trama ni el título, pero lo que sí recuerda es que el personaje principal, un dizque detective de poca monta, siempre se tomaba una margarita antes de empezar a investigar uno de sus casos. A Damián eso le pareció increíble. Él solo había visto que su papá y sus amigos tomaban cerveza cuando se juntaban los domingos a asar carne y recordar viejos tiempos en los que todos eran deportistas, no tenían deudas y tenían cabello.

Siempre asoció la cerveza con ser un adulto aburrido, pero una margarita era para los misteriosos, para los osados, para prepararse para seguir a un posible criminal. Lo curioso es que Damián nunca se había atrevido a pedir una margarita: ¿qué iban a decir de él? Un arquitecto, campeón de lucha en la escuela, padre de tres hijos, tomando una margarita… seguro era rarito.

Pero Damián siempre lo tenía presente; era como un placer culposo que ni siquiera había tenido el gusto de disfrutar a escondidas. Hoy Damián cumple 40 años. Hoy Damián está decidido a tomarse esa margarita. Y qué mejor que hacerlo antes de ir a su fiesta de cumpleaños (que para nada era ir a investigar a un criminal: era una reunión con cuatro personas más, un bebés, y que seguro acabaría antes de medianoche, pero eso no le importaba).

Damián quería probarla. Salió de la oficina, se subió al coche y buscó en la aplicación de mapas: “margaritas”. Cinco lugares se desplegaron. Obviamente fue al más alejado; no quería toparse con nadie conocido.

Llegó al lugar. Era muy fancy, con muebles caros, plantas y flores por todos lados (no se parecía para nada al bar que frecuentaba el detective). Estaba en el décimo piso de un edificio bastante lujoso y lleno de gente refinada. Se sentó en la barra, pidió su margarita y esperó. Sentía una emoción desbordante. Los segundos parecían horas.

El bartender regresó y le puso una margarita adornada con una pequeña sombrilla roja. Damián estaba extasiado. Vio la hora, vio su celular, volvió a mirar el lugar. Tomó la bebida y, de un sorbo, se la acabó.

Un silencio invadió el bar. No sabía si era por tanta expectativa o por haber creído en una película de bajo presupuesto de un canal de televisión abierta, pero la margarita no le supo a nada especial. El bartender se le acercó y le preguntó si quería otro trago.

Damián pidió un whisky. El bar se llenó de ruido de nuevo. Damián le gritó al bartender:

—No, mejor dame otra margarita.

Damián sonrió.

Categoría: Comedia

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Este es mi diario, un recordatorio que tengo que escribir todos los días.

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