Abrió los ojos y lo primero que vio fue un edificio en llamas. Sus tímpanos estaban reventados; como pudo, se puso de pie. Una bicicleta pasó frente a ella, envuelta en fuego. No recordaba nada. No sabía dónde estaba. No sabía quién era.
Metió la mano en el bolsillo y sacó su celular: no tenía batería. Se acercó a un coche y vio su reflejo en el espejo. No lograba reconocerse. Era una mujer de unos treinta y tantos; tenía la cara manchada y la ropa mojada. Comenzó a observarse con más detalle, pero el sonido de una explosión la sacó del trance.
Todo a su alrededor estaba en llamas. Empezó a caminar en línea recta. La calle no tenía sentido: había edificios, pero también casas pequeñas, mercados, gasolineras, tiendas de playa, hasta iglús. Nada encajaba. Siguió caminando y, de pronto, sintió algo extraño; se volteó solo para ver que la calle desaparecía detrás de ella. Se dio cuenta de que el espacio se construía mientras avanzaba
Caminó en reversa y vio cómo los edificios frente a ella desaparecían. Cerró los ojos. Su respiración comenzó a agitarse. ¿Qué hago aquí?, se preguntó.
Decidió entrar a una de las casas. Abrió la puerta y se asomó: total oscuridad. Cerró y fue a otra casa. Lo mismo. Vio una pequeña tienda con ventanales. Desde aquí sí se ve el interior, pensó. Se acercó, abrió la puerta y entró. Aunque por fuera la tienda era visible, por dentro no había nada. No solo estaba todo a oscuras; tampoco había ningún ruido.
Entonces pensó que no había dicho una sola palabra desde que despertó.
—Hola —dijo.
El sonido llenó la habitación y, como si la palabra fuera pintura, el cuarto se iluminó.
—¿Hay alguien aquí? —gritó.
La habitación volvió a iluminarse, ahora con más intensidad, como una especie de eco visual. Aplaudió y una pequeña luz se encendió. El cuarto quedó bañado por una luz tenue.
En el centro había una maqueta. Se acercó y vio que representaba los mismos edificios y casas que había visto afuera. Volvió a aplaudir. Ahora la maqueta estaba en llamas. Se inclinó más, como si el fuego no pudiera quemarla. Allí, en la calle principal, la vio: estaba ella, en miniatura.
Las dos se miraron fijamente.
La figura diminuta aplaudió y todo se apagó.
