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La niña que amaba robar

La niña que amaba robar

Publicada el febrero 5, 2026febrero 5, 2026 por Alfredo H. Álvarez

Daniela empezó a robar a los ocho años. La primera vez fue algo inocente: un simple lapicero bonito que le vio a Lucía, su compañera de clase. Daniela quería usarlo y lo tomó; nunca lo devolvió. Al poco tiempo, su cuarto ya estaba lleno de plumas de todos los colores y estilos. Lo más gracioso era que siempre escribía con el mismo lapicero que le había regalado su papá, uno que no tenía nada especial.

En la secundaria, Daniel se atrevió a más. Un día, durante el receso, se robó unos refrescos de la cafetería, pero no se los tomó; de hecho, después se formó y se compró un café. A esa edad ni siquiera se cuestionaba por qué lo hacía: simplemente lo seguía haciendo. Luego pasó a tomar cosas de la tienda de la cuadra, dulces del supermercado y billetes de la bolsa de su mamá. Pronto, ya no cabían más cosas en su cuarto. No les tenía apego; casi todo lo regalaba.

Cuando creció, Daniela se casó con un policía. Tuvieron a su primer hijo, pero el salario no les alcanzaba para muchas cosas, así que, si necesitaba algo para el bebé, lo tomaba del super. Cuando salían a comer, le gustaba llevarse los menús; en los parques, los letreros; en los bares, los portavasos. Tenía sus objetos preferidos de cada lugar. En la escuela de su hijo se robaba los carteles del tablero de anuncios; en la comisaría coleccionaba los avisos de “se busca”; en la casa de sus papás se llevaba las cucharas e imaginaba a sus padres mezclando el azúcar de su café con un tenedor, y se reía.

La primera vez que se detuvo a pensar por qué lo hacía fue cuando su hijo ganó un concurso de spelling en la escuela. Sintió una urgencia enorme de robarse el diploma de su hijo. Esa noche se quedó dormida llorando; a la mañana siguiente, lo robó. Poco a poco fue odiando su cleptomanía. Antes la amaba, pero ahora las cosas que realmente significaban algo para sus seres queridos desaparecían: el regalo que le dio a su esposo en su décimo aniversario, la medalla de cuarenta años de servicio de su papá, el juguete favorito de su hijo.

De pronto, robar se convirtió en el peor momento de su día. Ya no quería seguir haciéndolo. El día que robó el anillo que su hijo había comprado para proponerle matrimonio a su novia, ese día Daniela se detuvo. Ese día hizo su último robo. Se robó su vida. Solo así paró.

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Categoría: Drama

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