Me preguntaron qué buscaba al escribir en este blog todos los días, y mi primera respuesta fue la disciplina. Una de las cosas más difíciles de escribir, es en realidad, sentarse a escribir. Tanto para quienes escribimos ficción como para quienes escriben guiones, hacen ensayos o incluso están trabajando en su tesis. La constancia es difícil en todo, pero para mí es especialmente difícil al escribir. Y no es que no ame escribir; de hecho, me siento muy bien cuando lo hago. El problema es la hoja en blanco, ese temor que uno siente al comenzar.
Me pasa con varias cosas: hacer ejercicio, limpiar, levantarme de la cama. Pero este ejercicio de escribir a diario me ha ayudado a soltar la mano. No tiene que salir la obra de arte que va a cambiar la literatura; sólo tiene que ser el lubricante de mi creatividad. Solo necesito crearme el hábito. Sean las palabras que sean, pero que sean. Que salga lo que tenga que salir.
Y desde que empezó este año he sido un poquito más feliz. Comencé a caminar (no a diario, pero comencé); también empecé a hacer ejercicio. Quizá este sea mi año para dejar de lado el miedo y empezar todo lo que siempre quise hacer. Ya se verá. De mientras, ya escribí y hoy ya me siento un poquito mejor.
