El día comenzó más lluvioso de lo habitual. La niebla se extendía por la ciudad como un manto gris de melancolía. El frío se colaba por todas partes: las manos ardían, las piernas temblaban y el rostro se encendía bajo la caricia áspera de la baja temperatura.
Siempre se ha dicho que febrero es el mes más frío del año, pero por alguna razón, cada año me sorprende descubrir cuán frío puede llegar a ser en realidad. Aun así, la vida no se detiene. Nos cubrimos con chamarras, guantes, botas y toda clase de prendas que nos ayudan a atravesar el día.
Chocolate caliente, tamales, champurrado y otras bebidas y comidas clientes llenan las mesas en estos días. Hay algo profundamente relajante en contemplar la lluvia caer. Siempre me han gustado los días como hoy, porque en días así todo parece avanzar más despacio.
